- 29 Octubre, 2026
- Posted by: CALEV Consulting
- Categoría: Artículos
Jueves 29 de Octubre 2026.
Expertos dicen que no siempre se trata de una determinación impulsiva. Son varios los factores que influyen en la decisión y que pueden terminar afectando al funcionamiento de la empresa.
Renunciar a un trabajo sin tener otro empleo asegurado implica asumir un período de incertidumbre económica, sobre todo cuando no existe una fecha para volver a recibir ingresos. Sin embargo, para algunos trabajadores, permanecer en un puesto que no cumple con sus expectativas o que afecta su bienestar puede terminar siendo una alternativa menos atractiva que buscar nuevas oportunidades fuera de la empresa. En ese sentido, expertos señalan que la decisión no siempre pasa por una oferta laboral más conveniente o por un cambio de rumbo profesional. De hecho, puede ser el resultado de un desgaste que se acumula con el tiempo y que termina por inclinar la balanza a favor de dejar el trabajo. Entre los factores que pueden influir están la sobrecarga laboral sostenida, la falta de perspectivas de crecimiento, las dificultades con las jefaturas y la distancia entre las expectativas que genera una empresa y la experiencia cotidiana de sus trabajadores. “Rara vez es una decisión impulsiva, es el resultado de un desgaste acumulado. Sobrecarga sostenida, una relación con la jefatura que ha perdido calidad, falta de perspectivas de crecimiento o una brecha entre lo que la empresa dice y lo que hace suelen estar detrás. Cuando alguien prefiere la incertidumbre antes que quedarse, revela que sintió que no tenía cómo ser escuchado ni cómo cambiar su situación dentro de la organización”, explica Bárbara Kübler, gerente de personas de Talana (gestión de personas). Las señales que pueden anticipar una renuncia La decisión de abandonar un empleo por parte del trabajador también genera señales para la empresa. Existen cambios en el comportamiento de los colaboradores que pueden advertir sobre un distanciamiento de la organización. Una menor disposición a participar en reuniones, la pérdida de motivación, el aumento del ausentismo o el desinterés por oportunidades de desarrollo pueden ser algunas de estas señales. “Las personas casi siempre avisan, aunque sea de forma indirecta: menor participación, desconexión del equipo, caída de energía o desempeño, más ausentismo y desinterés por proyectos o desarrollo futuro”, sostiene Kübler. Eso sí, agrega, “ninguna señal es concluyente por sí sola; lo relevante es el cambio respecto de cómo era esa persona antes. Y el mejor radar sigue siendo una jefatura que conoce a su equipo y conversa con regularidad”. En ese escenario, el rol de las jefaturas pasa a jugar un rol importante. La comunicación periódica con los equipos puede ayudar a identificar dificultades antes de que se conviertan en un motivo definitivo para abandonar el puesto. Qué pueden hacer las empresas para prevenir estas salidas Para las organizaciones, anticiparse a las renuncias implica ir más allá de las encuestas de clima laboral o de las evaluaciones que se realizan pocas veces al año. La detección temprana requiere mantener una comunicación constante, revisar las condiciones de trabajo y dar seguimiento a los problemas que plantean los trabajadores. “Pasar de escuchar una vez al año a hacerlo de forma continua con pulsos breves de clima, conversaciones de permanencia, 1:1 de calidad y seguimiento de indicadores. También, fortalecer a los líderes, porque muchas renuncias son en realidad una renuncia a la jefatura, y ofrecer planes de desarrollo claros. Lo esencial es cerrar el ciclo. Si las personas no ven que escuchar tiene respuesta, dejan de hablar”, plantea la gerente de personas de Talana. Estas acciones, sin embargo, requieren que las inquietudes recogidas se traduzcan en medidas concretas. Abrir espacios de conversación sin responder a los problemas identificados puede profundizar la distancia entre los trabajadores y la organización, especialmente cuando las dificultades se relacionan con la carga de trabajo, las oportunidades de crecimiento o el trato de sus superiores. “Por último, una renuncia casi nunca es una sorpresa. Es una señal que ya estaba ahí. Las empresas que escuchan a tiempo no solo retienen mejor, construyen lugares donde la gente quiere quedarse”, concluye Kübler.
Fuente: Emol.com
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