¿Una “nueva Grecia”?: El Estado de Bienestar de Francia en jaque en medio de crisis de la deuda.

Jueves 08 de Octubre 2026.

El Gobierno busca reducir el déficit mientras enfrenta un Parlamento fragmentado, protestas sociales y elecciones presidenciales.

Francia, durante décadas considerada uno de los pilares de estabilidad de Europa, enfrenta una combinación cada vez más compleja de problemas fiscales, políticos y sociales. El deterioro de sus cuentas públicas comenzó a trasladarse con fuerza a los mercados, mientras el gobierno intenta sacar adelante un presupuesto en un Parlamento fragmentado y contener protestas que se extienden por distintos sectores. El escenario fue abordado en Chile. Vittorio Corbo, expresidente del Banco Central, advirtió sobre la situación de ese país. Al analizar el contexto internacional de endeudamiento, señaló que Francia presenta actualmente un diferencial de deuda elevado y la calificó como el “nuevo Grecia de Europa”.

La comparación remite a uno de los episodios más graves de la crisis de deuda europea. Grecia llegó a 2009 con un déficit fiscal equivalente al 14% del PIB, muy por encima del 3,7% que había informado previamente a Bruselas. Sin capacidad para hacer frente a sus compromisos, Atenas debió recurrir a un rescate internacional de 110.000 millones de euros aprobado en 2010, condicionado a fuertes medidas de austeridad y recortes del gasto público y las pensiones. Francia no está en esa situación, pero las señales que preocupan a los mercados apuntan a una creciente dificultad para corregir sus desequilibrios. El gobierno prevé cerrar 2026 con un déficit fiscal de 5,4% del PIB y una deuda pública equivalente al 119,3% del producto, el nivel más alto desde que comenzó esta estadística en 1978. Para 2027, el primer ministro Sébastien Lecornu fijó como objetivo reducir el déficit al 5%. La deuda que comienza a pesar en los mercados La presión se refleja directamente en el costo de financiamiento. Los bonos franceses a 10 años han aumentado con fuerza durante el año y, según los reportes locales, Francia incluso está pagando más para financiarse que Italia y Grecia. El rendimiento de referencia llegó a 4,75%, mientras que la diferencia entre lo que debe pagar Francia y Alemania por endeudarse a 10 años alcanzó 1,59 puntos porcentuales, su mayor nivel desde la crisis de deuda de la zona euro en 2012. Al mismo tiempo, el mercado bursátil francés quedó rezagado frente al resto de Europa y también aumentó el costo de asegurar contra un impago la deuda de sus principales bancos. El problema no se limita a las cifras actuales. Francia tiene más de un billón de dólares de deuda con vencimiento antes de 2030 y prevé emitir el próximo año unos US$380.000 millones en nueva deuda. Todo ello ocurre en un escenario en que algunas de las fuentes de demanda que anteriormente ayudaban a absorber esos títulos se han debilitado. A ello se suma el aumento esperado del costo de servir la deuda. Un estudio encargado por el Ministerio de Finanzas francés proyecta que ese gasto aumentará 59% hacia 2030 y podría terminar superando ampliamente al gasto militar. Con una deuda cercana al 120% del PIB, el gobernador del banco central ha advertido sobre el riesgo de un “estrangulamiento gradual”. Un Estado de Bienestar cada vez más difícil de financiar Detrás del deterioro fiscal aparece un problema de larga data: Francia no consigue equilibrar sus cuentas desde 1974. Según los antecedentes citados por The Wall Street Journal, durante décadas el país ha sostenido un amplio sistema de bienestar mediante un nivel de gasto que terminó dejando poco margen cuando llegaron nuevas crisis. La pandemia y la crisis energética profundizaron esa dinámica. Durante el gobierno de Emmanuel Macron se desplegaron millonarios programas para proteger a empresas y hogares, bajo la lógica del “Quoi qu’il en coûte”, o “cueste lo que cueste”. Se implementaron ayudas para mantener empleos, reducciones tributarias y subsidios para contener los precios de la energía. El problema fue que varias de esas medidas temporales terminaron generando compromisos más permanentes. Entre ellas estuvieron programas de permisos retribuidos, beneficios tributarios y aumentos salariales para trabajadores de la salud pública. En paralelo, el Gobierno destinó decenas de miles de millones de euros a contener los precios energéticos después de la invasión rusa de Ucrania. “Hubo una inyección de fondos públicos y nadie en el Gobierno tuvo el valor de cortar el grifo”, resumió el senador Jean-François Husson, quien supervisó una investigación parlamentaria sobre ese gasto. El retiro de esas ayudas dejó además al descubierto errores en las proyecciones fiscales. Memorandos internos del Tesoro advertían de menores ingresos tributarios y un gasto superior al previsto, mientras el Gobierno enfrentaba cada vez menos espacio para corregir las cuentas sin recurrir a decisiones políticamente costosas. El problema fiscal se cruza con el bloqueo político La dificultad económica tiene una segunda dimensión: Francia no solo necesita ajustar sus cuentas, sino que debe hacerlo con una Asamblea Nacional profundamente dividida. En los últimos años, sucesivos gobiernos y primeros ministros han intentado impulsar recortes, mientras las distintas fuerzas políticas se enfrentan sobre quién debe asumir el costo del ajuste. La disolución de la Asamblea Nacional y las elecciones anticipadas terminaron dejando un Parlamento sin mayoría clara, dividido en tres grandes bloques. Esa fragmentación se vuelve especialmente delicada con las elecciones presidenciales previstas para la próxima primavera. Los principales aspirantes a suceder a Macron enfrentan el escenario fiscal desde posiciones muy diferentes, pero algunas de sus propuestas implicarían aumentar el gasto. Marine Le Pen, quien lidera las encuestas, propuso reducir la edad de jubilación a 60 años, con un costo estimado de 9.000 millones de euros adicionales al año. Jean-Luc Mélenchon, en tanto, planteó que el Banco Central Europeo congele o cancele las tenencias de bonos franceses del Banco de Francia por 488.000 millones de euros. La preocupación de los inversionistas es que el próximo ciclo electoral reduzca aún más las posibilidades de alcanzar acuerdos para ordenar las finanzas. “Todo el mundo habla de nuevas formas de gastar dinero”, señaló Ales Koutny, de Vanguard, quien advirtió que la situación fiscal francesa ya es débil y que las propuestas de los principales bloques políticos podrían empeorarla. Protestas en las calles y presión sobre el presupuesto El ajuste también comenzó a chocar con el malestar social. Francia atraviesa una nueva ola de movilizaciones estudiantiles que se inició en septiembre y que ha incorporado demandas relacionadas con la falta de profesores, las condiciones de los establecimientos y el financiamiento de la educación. El Gobierno intenta responder con medidas de diálogo y compromisos para presentar nuevas iniciativas a fines de octubre. Sin embargo, las organizaciones estudiantiles reclaman medidas concretas y preparan nuevas jornadas de protestas. Desde el inicio de las movilizaciones, el Ministerio del Interior contabilizó 215 estudiantes, 89 trabajadores de la educación y 761 policías y gendarmes heridos, además de 6.629 detenidos. La tensión se produce precisamente cuando el Ejecutivo necesita convencer al Parlamento de respaldar recortes por decenas de miles de millones de euros. Lecornu ha insistido en que su objetivo es reducir el déficit al 5% del PIB en 2027: “Nuestro compromiso es reducir el déficit público al 5% en 2027. Lo digo con gravedad”. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, también puso el foco en el problema. Según explicó, Francia enfrenta simultáneamente el peso de un endeudamiento acumulado y una dinámica política que dificulta establecer una trayectoria clara de ajuste. A su juicio, existe un “reconocimiento muy claro de que el déficit debe reducirse a menos del 5%”. ¿Qué tan cerca está Francia de la crisis de Grecia? La comparación con Grecia, por ahora, funciona más como una advertencia que como una equivalencia. La crisis griega terminó obligando al país a solicitar rescates internacionales y aceptar duras condiciones de austeridad. Francia, en cambio, sigue siendo una de las principales economías europeas y cuenta con el respaldo institucional del Banco Central Europeo. De hecho, los propios inversionistas consideran que un desplome de los bonos franceses no es inevitable. La zona euro está mejor preparada que hace 15 años para enfrentar una turbulencia financiera y el BCE constituye un respaldo que no existía de la misma forma durante el inicio de la crisis griega. Pero la advertencia es que la aritmética fiscal se está volviendo cada vez más difícil. Si el costo de financiar la deuda supera de manera persistente el crecimiento económico, la carga seguirá aumentando mientras no se reduzca el gasto. “Se empieza a producir un efecto de bola de nieve”, afirmó Thozet, de Carmignac. Y es ahí donde aparece el paralelismo que planteó Corbo: en un mundo donde los gobiernos compiten por financiamiento y las tasas son más altas, los países que no logren demostrar disciplina fiscal enfrentarán un costo creciente para endeudarse. “Entonces, todos están endeudándose. Alguien tiene que financiar eso”, explicó el expresidente del Banco Central en Tele13 radio Por ahora, Francia todavía tiene margen para evitar un desenlace como el griego. Pero entre una deuda cercana al 120% del PIB, déficits superiores al 5%, un costo de financiamiento en ascenso, un Parlamento fragmentado, protestas sociales y unas elecciones presidenciales que podrían profundizar las diferencias, el desafío ya no parece ser únicamente económico. Es también político: encontrar una mayoría capaz de decidir cuánto del Estado de bienestar está dispuesto a financiar el país y quién asumirá el costo de corregir el desequilibrio.

Fuente: Emol.com



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