Un nuevo “shock”: Posibles huelgas en Escondida y Centinela amenazan con hundir aún más a la minería.

Lunes 05 de Octubre 2026.

Menores niveles de producción, presión fiscal y dificultades para recuperar el ritmo operacional aparecen entre los posibles efectos.

Las negociaciones colectivas que mantienen trabajadores y empresas en dos de las principales faenas mineras del país mantienen la atención puesta sobre el sector, en momentos en que la actividad enfrenta un escenario particularmente complejo. Se trata de Escondida -de BHP- y Centinela, de Antofagasta Minerals -que pertenece en un 65% a la familia Luksic-se encuentran en la etapa decisiva de sus respectivos procesos y, si no se alcanzan acuerdos, ambas operaciones podrían enfrentar paralizaciones. La eventualidad de que los conflictos laborales terminen afectando simultáneamente a dos grandes productores de cobre abre una interrogante adicional para una industria que ya viene enfrentando dificultades productivas relevantes, no vistas en varios años.

Más allá de la duración que pudieran tener las huelgas, los expertos consultados por Emol analizaron qué efectos podría generar un escenario de este tipo para la minería y para la economía chilena. En ese contexto, las principales dudas apuntan a cuánto podría resentirse la producción de cobre, qué impacto tendría una interrupción de estas características sobre la actividad económica y cuáles serían sus eventuales efectos para las exportaciones y las cuentas fiscales. Un nuevo golpe para una minería que viene a la baja Hernán De Solminihac, exministro de Minería y de Obras Públicas, sostuvo que una eventual paralización de ambas faenas “agregaría presión a una economía que necesita recuperar crecimiento”, especialmente luego de la caída de 17,4% del Imacec minero en agosto. A su juicio, la duración y el alcance de las huelgas serán determinantes para dimensionar sus consecuencias. “Si las interrupciones son significativas y se prolongan, sus efectos podrían alcanzar las exportaciones, la recaudación fiscal y la actividad de proveedores, contratistas y servicios regionales”, afirmó. El análisis de Juan Ignacio Guzmán, CEO de GEM Mining Consulting, da cuenta de un deterioro que ya afecta a buena parte de la producción cuprífera. Entre enero y julio, Escondida acumuló una caída de 73.531 toneladas respecto del mismo período de 2025, equivalente a 9,3%, mientras Centinela registró un retroceso de 16,8%. En ese escenario, Guzmán estimó que una detención total de ambas operaciones “podría comprometer aproximadamente 3.500 toneladas diarias” de cobre fino, considerando como referencia las capacidades de 2.877 toneladas diarias de Escondida y 659 toneladas de Centinela. El peso de Escondida y Centinela en la producción Juan Ortiz, economista senior del OCEC-UDP, planteó que el eventual conflicto laboral se sumaría a una actividad minera que ya enfrenta distintos factores adversos. “La actividad minera en Chile se ha visto fuertemente impactada por la ley de mineral y en los recientes efectos por condiciones climáticas y mantenciones que ha llevado a una caída anual sobre el 17% en agosto”, señaló. El economista agregó que la actividad minera acumula una caída cercana al 7% anual entre enero y agosto. En ese contexto, sostuvo que una huelga en Escondida y Centinela representaría “un nuevo shock muy negativo en el sector considerando que un poco menos del 30% de la producción de cobre tiene como origen estas minas”. Ortiz recordó además el antecedente de la huelga de Escondida de 2017, que se extendió por 44 días y tuvo efectos sobre la actividad durante febrero y marzo de ese año. Por ello, afirmó que una nueva paralización podría reforzar un escenario de contracción del PIB durante 2026. Hermán Aguirre, docente de Ingeniería Civil en Minería de la Universidad del Desarrollo, también apuntó a la sensibilidad del momento. “El desafío está en que la minería chilena atraviesa un momento complejo, y tanto Centinela como Escondida enfrentan situaciones particularmente exigentes”, afirmó. Menor producción, efecto fiscal y presión sobre el cobre Aguirre señaló que una paralización podría generar pérdidas productivas y dificultades para retomar el ritmo de operación, dependiendo de cuánto se extienda el conflicto. También planteó que “lo realmente esencial es la imagen país que proyectamos hacia los inversionistas, quienes pueden incrementar aun más su aversión a invertir”. En términos agregados, el académico sostuvo que habría una disminución de la producción minera y que una interrupción simultánea podría eventualmente generar presión alcista sobre el precio del cobre, si se produjera un déficit temporal de oferta. El efecto también podría alcanzar las cuentas fiscales. “Desde la perspectiva fiscal, el Estado podría recibir menores ingresos producto de una menor producción y exportación de cobre”, sostuvo Aguirre, quien agregó que el resultado del Imacec de agosto vuelve especialmente sensible el escenario para la economía chilena. De Solminihac, en tanto, remarcó que un precio elevado del metal podría amortiguar parte del impacto, pero no compensaría completamente una caída en los volúmenes producidos: “Un precio alto del cobre puede compensar parcialmente los menores ingresos, pero no reemplaza la producción ni su aporte al crecimiento”.

Fuente: Emol.com



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