Las habilidades blandas ganan espacio en medio del auge de la Inteligencia Artificial en el trabajo.

Miércoles 30 de Septiembre 2026.

El avance de nuevas herramientas tecnológicas está modificando las funciones laborales y aumentando la importancia de capacidades que siguen dependiendo de las personas.

Con la Inteligencia Artificial ganando cada vez más terreno en el mundo laboral, las habilidades humanas están llamadas a ocupar un nuevo espacio en las empresas volviéndose indispensables para asegurar la productividad del futuro. De hecho, un análisis de tendencias globales de El Economista destaca que la IA actúa como un amplificador de capacidades, pero la tecnología, aunque entregue patrones precisos de cómo operar, es incapaz de humanizar la gestión. Es en este escenario que las llamadas habilidades blandas surgen como un motor de crecimiento y desarrollo para las organizaciones. Así lo explica Rodrigo Correa, psicólogo laboral y fundador de Valor People, quien comenta que esas habilidades blandas son realmente las más difíciles de dominar, ya que no se pueden aprender mediante un manual y pasan a ser un factor diferencial. “La empatía genuina, la contención emocional frente a la frustración y la lectura fina de un equipo son barreras imposibles de automatizar”, explica Correa. En ese sentido, ejemplifica que las habilidades blandas pueden compararse con una bicicleta eléctrica, ya que asiste en la subida, pero no podrá decidir la línea por dónde bajar el cerro ni mantendrá el equilibrio en las rocas. Así, afirma, mientras la IA es el motor de asistencia, el criterio y el control siguen siendo estrictamente humanos. Este fenómeno se vuelve crítico, por ejemplo, en los profesionales y estudiantes de carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). “Un ingeniero puede diseñar el mejor algoritmo, pero si no tiene la capacidad de comunicar su valor, liderar equipos multidisciplinarios o contener emocionalmente a su equipo en momentos de alta presión, su impacto técnico se diluye. La técnica abre la puerta, pero la habilidad humana escala el resultado”, enfatiza Correa. “Tomamos decisiones no solo con datos de balance, sino a través del filtro de los valores y la sensibilidad interpersonal. Esta dualidad es la que permite a un líder contener a un colaborador en crisis o inyectar sentido de propósito a las métricas frías. Las metas y los grandes proyectos organizacionales no se conquistan delegando la estrategia al algoritmo; se logran única y exclusivamente potenciando nuestra humanidad a través de una ejecución rigurosa y una disciplina implacable”, aclara.

Fuente: Emol.com



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