¿Polarización en el espectro político?: Termómetro al “tono” del debate ante la aparición de agresiones y amenazas.

Martes 12 de Mayo 2026.

Expertos apuntan al contexto de la megarreforma y al uso de “estrategias” por parte de un “micromundo político acotado” que dista de la dinámica de la sociedad civil.

Agresiones, presuntas amenazas y emplazamientos cruzados. Ese ha sido parte del tenso escenario político que se ha ido cultivando en estos últimos meses tras la llegada del Gobierno del Presidente José Antonio Kast. La modificación al Mecanismo de Precios de Estabilización de los Combustibles (Mepco), que aumentó el alza de las bencinas y, de paso, impactó en el costo de la vida, sumado a la llamada “megarreforma” o “Plan de Reconstrucción Nacional”, ha agudizado las tensiones en la discusión política.

A ello, se suman varios otros recortes que se han anunciado en distintas carteras -y que afectan programas sociales o incluso en materias de investigación-, han llevado a que algunos sectores de la oposición cuestionen las medidas del Ejecutivo y adviertan que no permitirán que se eliminen derechos sociales. Más allá fue esta semana la diputada Lorena Pizarro (PC), quien llamó a movilizaciones. En entrevista con Radio Nuevo Mundo, planteó que “hay que organizarse, hay que movilizarse, porque hay un una lógica que se instaló después del ’90, que se cree que el Congreso resuelve todo”. Ante este llamado, el propio Presidente Kast, lejos de poner paños fríos a la tensión que se viene arrastrando con la oposición, planteó que “durante cuatro años, el Partido Comunista fue parte del gobierno y ocupó tranquilamente La Moneda. Hoy, luego de ser derrotado en las urnas, busca agitar las calles y frenar los avances que democráticamente impulsan el Gobierno y el Congreso”. Más tarde, Kast continuó con su crítica al inicio de su tercer consejo de gabinete, apuntando a la oposición por “elevar el tono” ante las medidas que ha tomado su administración. “Tenemos una parte de la oposición que levanta el tono en distintas áreas y después los hechos van demostrando que fue un alza de tono inadecuada”, sostuvo. Agresiones y amenazas Pero lo ocurrido en las últimas horas es sólo parte de la trama de cruces y tensiones que, para algunos expertos, es signo de una polarización que en este momento está concentrada en el mundo político y no necesariamente en la sociedad civil. Eso sí, algunas voces apuntan a mirar el cuadro completo, remontándose al periodo del estallido social. El primer episodio fue la agresión que sufrió la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, en la U. Austral. Si bien los agresores fueron estudiantes de esa casa de estudios, los motivos fueron políticos.

Ese hecho pudo marcar una suerte de precedente o antesala de otros episodios en la esfera política, como la agresión que sufrió el diputado del Partido de la Gente (PDG), Javier Olivares, en el marco de una actividad en Olmué. El legislador recibió golpes de puño y patadas en el cuerpo por parte de dos desconocidos que luego se dieron a la fuga, hecho que fue condenado tanto en el oficialismo como en la oposición. Desde el oficialismo, la diputada Javiera Rodríguez (P. Republicano) apuntó a una polarización. “El clima de violencia debe acabarse, y en parte, hay algunos congresistas y actores políticos que contribuyen a polarizar: no condenan la violencia, elaboran discursos llenos de odio y no aportan con buenas ideas”, planteó. El fin de semana, el Partido por la Democracia (PPD), a través de una declaración pública, denunció amenazas, incluso de muerte, en contra del diputado de sus filas Jaime Araya. Esto luego de que el legislador anunciara, en un podcast que compartió con otros parlamentarios de oposición, un “tsunami” de más de dos mil indicaciones al proyecto de megarreforma. En ese sentido, acusaron una organización por parte de grupos radicales para intimidar al diputado: “Sin embargo, otra cosa muy distinta es que sectores de la derecha y extrema derecha, se orquesten para atacarlo con un nivel de odiosidad que no veíamos hace tiempo. Esta es una expresión de violencia política inaceptable y que debe ser rechazada transversalmente”. ¿Clima de polarización? El sábado, el arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, expresó su preocupación por el tono del debate público y apuntó a un “clima de polarización”. En su cuenta de X, Chomali planteó que “Chile saldrá adelante cuando dejemos de lado la beligerancia y reconozcamos adversarios políticos y no enemigos. El ambiente de polarización sólo obstruye la razón, el buen juicio y la capacidad de dialogar. Urge examinar el lenguaje y los gestos utilizados. Los jóvenes repiten lo que ven de los mayores. En eso, estamos en deuda”. Consultado por Emol, Cristóbal Karle, sociólogo y académico de la Universidad de los Andes, plantea que lo que se observa es una “dinámica de polarización afectiva”. Esto, porque “no hay polarización en el mismo sentido del siglo XX, cuando existían alternativas de proyectos globales sustantivamente antagónicos en pugna y, en muchos casos, violencia organizada de masas. Pero sí hay un estado de ánimo que hace sentir en algunos sectores una amenaza existencial con respecto a sus adversarios políticos”. “Ello se traduce en discursos grandilocuentes, en un ánimo represivo y en este tipo de hechos, que, insisto, reflejan más un estado de ánimo que una estrategia colectiva bien organizada de violencia”, afirmó. Por su parte, Kenneth Bunker, director del Laboratorio de Democracia y Gobierno de la U. San Sebastián, plantea que los actos de violencia vienen en alza desde el estallido social en adelante, donde, a su juicio, se produce “un cambio radical de lo que se permite moralmente”, no obstante las leyes sean las mismas. “(…) En un marco legislativo donde hay tanto en juego, donde hay un proyecto de ley grande e importante, las actitudes políticas están más crispadas, un poco más extremas de lo que están en un contexto normal”. Kenneth Búnker, analista político USS “Ahora, en particular, dentro de ese contexto, y en un marco legislativo donde hay tanto en juego, donde hay un proyecto de ley grande e importante, las actitudes políticas están más crispadas, un poco más extremas de lo que están en un contexto normal”, diagnosticó. Por su parte, Aldo Cassinelli, director de la escuela de Gobierno de la Universidad Autónoma, subraya que casos como el ataque a la ministra Lincolao en un entorno académico, o las agresiones sufridas por parlamentarios en terreno, “evidencian una agitación que ha radicalizado las posturas durante el último tiempo”. “El riesgo latente es que se continúen relativizando estos actos, lo que termina por anular la capacidad de los distintos sectores para ejercer su representación mediante el diálogo, trasladando la actividad política hacia el terreno de la disputa física y la coacción”, enfatiza. Eso sí, en línea con Búnker, Cassinelli pone el acento en que estos hechos, “parecen pertenecer a un micromundo político relativamente acotado, distinto de la dinámica cotidiana de la sociedad civil. En este espacio específico se exacerban las posiciones hasta llegar a la agresión física o digital, especialmente en redes sociales, donde el anonimato brinda un refugio que facilita el ejercicio de la violencia sin responsabilidades claras”. “Lógica de cancelación” Para Búnker, este tipo de actos de agresiones se relaciona con estrategias políticas que obedecen a dinámicas como “exagerar o exasperar distintos hechos, con fines de llamar la atención sobre el extremismo que representan el otro sector. Entonces, uno ve tanto las agresiones de las personas que están alineadas con el gobierno, y lo mismo se ve con personas que están en los partidos más extremos de la oposición”. Casinelli coincide en que la exacerbación de posturas políticas por parte de ciertos sectores que rechazan el diálogo busca, fundamentalmente, neutralizar al adversario bajo una lógica de cancelación. “Este fenómeno intenta anular la capacidad del otro para exponer sus planteamientos, una tendencia que se ha manifestado con fuerza no solo en Chile, sino en diversas partes del mundo”, sostiene. Con todo, advierte que “resulta sumamente riesgoso que las dirigencias políticas, cuya misión es ampliar y conducir la discusión pública, terminen limitando la libre expresión de los distintos actores. Cuando esta dinámica de exclusión se radicaliza, inevitablemente deriva en violencia física, convirtiéndose en el escenario más complejo de gestionar para cualquier sociedad democrática”. “Resulta fundamental que el sistema político no solo contenga estas conductas, sino que las condene con una fuerza tal que impida que la violencia logre su objetivo principal: condicionar las decisiones y conductas de los actores públicos. Permitir que estas dinámicas de cancelación penetren en la política chilena significaría aceptar que la fuerza reemplace al pensamiento, una deriva que ya se ha visto en otras latitudes y que no debe permitirse en el debate nacional”, zanjó.

Fuente: Emol.com



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