- 6 Mayo, 2026
- Posted by: CALEV Consulting
- Categoría: Artículos
Miércoles 06 de Mayo 2026.
Expertos sostienen que las nuevas generaciones priorizan cada vez más aspectos que no se vinculan directamente con lo monetario.
Con el paso de los años, las necesidades laborales han ido evolucionando. Si antes el sueldo era lo más importante, hoy en día la flexibilidad, el reconocimiento, las oportunidades de crecimiento y el equilibrio entre la vida personal y el trabajo se han convertido en factores cada vez más importantes al momento de elegir o permanecer en un empleo. El llamado “sueldo emocional” apunta a todos aquellos beneficios no monetarios que impactan en el bienestar y la experiencia laboral de las personas. Aunque no reemplaza el salario económico, expertos concuerdan en que hoy cumple un rol clave en variables como el compromiso, la productividad y la retención. Según el informe “State of the Global Workplace 2026” de Gallup, el compromiso laboral a nivel mundial cayó a 20% durante 2025, su nivel más bajo desde 2020, mientras que la baja vinculación de los trabajadores estaría generando pérdidas cercanas a los US$10 billones en productividad global. El estudio también concluye que las organizaciones con trabajadores más comprometidos logran mejores resultados y mayores niveles de bienestar. En paralelo, el Foro Económico Mundial ha advertido que las nuevas generaciones priorizan cada vez más la flexibilidad, el equilibrio entre vida y trabajo y la identificación con los valores de las compañías. Un análisis publicado por la entidad, en colaboración con Edelman, señala que la Generación Z “es más propensa a valorar el equilibrio entre la vida personal y laboral y la flexibilidad”.
Un informe de Randstad refuerza estos números y revela que uno de cada tres jóvenes planea cambiar de empleo en los próximos 12 meses, reflejando una alta movilidad y nuevas expectativas frente al trabajo. Este cambio no es aislado. De acuerdo con el Global Gen Z & Millennials Survey 2025 de Deloitte, las nuevas generaciones priorizan cada vez más el equilibrio entre la vida personal y laboral, el bienestar y el sentido de propósito por sobre factores tradicionales como la estabilidad o el estatus. La mirada experta En ese contexto, especialistas plantean que las compañías ya no pueden competir solamente a través del sueldo tradicional. “El sueldo emocional es el conjunto de beneficios no monetarios que una organización ofrece a sus empleados y que impactan directamente en su bienestar, motivación y sentido de pertenencia. No sustituye al salario económico, pero lo complementa en dimensiones que el dinero no puede cubrir: reconocimiento, propósito, autonomía, conciliación”, explica Isaías Sharon, director ejecutivo de Perzon.ai (Software de crecimiento para consultoras de RR.HH.). A juicio del especialista, el fenómeno responde a un cambio estructural en el mercado laboral. “El desempleo global está en mínimos históricos, la competencia por talento es intensa, y las nuevas generaciones -especialmente la Generación Z- toman decisiones laborales que van mucho más allá del salario”, sostiene. Víctor Yáñez, psicólogo y director académico de Postgrado de la Universidad Autónoma de Chile, indica por su lado que “la Generación Z se distingue por estar enfocada en el equilibrio entre la vida laboral, familiar y personal, así como en su bienestar integral”. Los beneficios más valorados Entre los beneficios no monetarios más valorados actualmente desatacan la flexibilidad horaria, el trabajo remoto o híbrido, los programas de capacitación y desarrollo profesional, además de entornos laborales más colaborativos. “Los estudios y la práctica empresarial coinciden en un conjunto de elementos que destacan de forma consistente: la flexibilidad horaria y la posibilidad de trabajo en remoto o híbrido, el acceso a formación real y oportunidades de crecimiento, el reconocimiento genuino del trabajo bien hecho y la autonomía para tomar decisiones dentro del propio rol”, afirma Isaías Sharon.
El especialista agrega que también existen factores menos visibles, pero igual de relevantes para los trabajadores. “Sentir que el trabajo tiene propósito, trabajar en un entorno psicológicamente seguro donde se puede discrepar sin miedo, y tener un liderazgo cercano y coherente son elementos cada vez más determinantes. Un dato que suele sorprender: el 89% de los fracasos en nuevas contrataciones se deben a factores actitudinales y de encaje cultural, no a competencias técnicas. Eso indica que el clima organizacional importa mucho más de lo que solemos admitir”, agrega. Yáñez, en tanto, enfatiza que las nuevas generaciones han desarrollado “un fuerte interés por empleos sostenibles y exigen coherencia entre los valores personales y los de la organización”. Los efectos también impactan en las organizaciones Los efectos también serían visibles en indicadores internos de las organizaciones. De acuerdo con Gallup, los empleados comprometidos muestran mayores niveles de productividad, bienestar y permanencia en sus puestos de trabajo. En ese sentido, Sharon indica que “el impacto es directo y medible. Las organizaciones que trabajan de forma sistemática el sueldo emocional reducen significativamente la rotación, mejoran el compromiso y acortan los tiempos de adaptación de nuevas incorporaciones. En proyectos con los que he trabajado, empresas que personalizaron su propuesta de valor al empleado redujeron la rotación hasta en un 50% en sectores como el retail y la banca”. Asimismo enfatiza que “el efecto más importante quizás sea el menos cuantificable: el clima laboral. Una persona que siente que su organización la ve, la escucha y le da espacio para crecer, rinde distinto. No por obligación, sino porque tiene razones para hacerlo. Y ese compromiso genuino es el que se mantiene cuando las condiciones externas se complican”
Cómo implementar el sueldo emocional desde las pymes Finalmente, Sharon explica que incluso las pequeñas y medianas empresas pueden implementar este tipo de estrategias sin grandes inversiones. “La mayoría de los elementos del sueldo emocional no requieren grandes presupuestos. Requieren intención y consistencia”, afirma. “Una pyme puede empezar por tres cosas concretas. Primero, instalar una cultura de reconocimiento genuino: nombrar logros, agradecer esfuerzos específicos, hacer visible lo que normalmente pasa desapercibido. Segundo, dar autonomía real dentro de roles bien definidos: las personas rinden mejor cuando sienten que confían en ellas. Y tercero, abrir conversaciones individuales sobre desarrollo: preguntar a cada empleado qué quiere aprender, hacia dónde quiere crecer, qué le frena”, complementa Sharon. “Ninguna de esas tres acciones tiene coste económico significativo. Tienen coste de atención y de liderazgo. Y eso, en las pymes, suele ser más accesible que en las grandes corporaciones, precisamente porque la distancia entre quien dirige y quien trabaja es mucho menor”, sentencia.
Fuente: Emol.com
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