- 22 Abril, 2026
- Posted by: CALEV Consulting
- Categoría: Artículos
Miércoles 22 de Abril 2026.
Diariamente algún establecimiento educacional debe suspender sus clases debido a advertencias de seguridad, preocupando a los estudiantes y a sus familias. Especialistas entregan recomendaciones para abordar el tema con los más pequeños, sin generarles alarma o ansiedad.
Luego de que el 27 de marzo pasado un alumno apuñalara a tres estudiantes y matara a una inspectora en el Colegio Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama, cada vez son más los colegios que reciben amenazas de seguridad, ya sea relativas a la instalación de artefactos explosivos o a la realización de ataques o tiroteos. Según datos recopilados por Emol, en las últimas semanas se han recibido más de 700 denuncias de amenazas en colegios de siete regiones del país. Algunas advertencias se publican en redes sociales, mientras otras en rayados en baños y pizarras de las salas de clases.
Esta situación ha obligado a los establecimientos a activar protocolos de seguridad en coordinación con Carabineros, y suspender clases para proteger a sus alumnos y funcionarios. Por su parte, los padres y apoderados deben explicar a los más pequeños lo que está ocurriendo, algo que muchas veces no resulta fácil de hacer. “Los niños y las niñas entienden el mundo, lo perciben a través de los ojos, de la mirada y de las emociones de los adultos, sobre todo de los adultos más significativos”, explica Sandra Catalán, jefa de Investigación y Estudios Avanzados de la Escuela de Pedagogía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). En este sentido, la también psicóloga indica que si los más pequeños ven a sus padres, madres, figuras de apego e incluso profesores con demasiada ansiedad, ellos percibirán esa alarma y les generará tensión. Por esto, un primer consejo para hablar del tema con los niños es, según Catalán, “transmitir calma y seguridad”, y dejarles en claro que hay personas -adultos- que están haciéndose cargo del cuidado de su bienestar. “Estas amenazas no solo afectan la organización escolar, sino también la salud mental de estudiantes, familias y equipos docentes”, señala a Emol la Superintendencia de Educación. Y agrega: “Por eso, junto con la medidas de seguridad, es clave abrir espacios de diálogo: que las familias conversen con sus hijos, que los apoderados se comuniquen entre sí y que exista un vínculo permanente con los establecimientos para compartir información verificada y apoyo mutuo”. El organismo -que a raíz de los últimos hechos, publicó una Guía Práctica de Medidas de Seguridad en Establecimientos Educacionales- enfatiza que “es fundamental que las comunidades se sientan acompañadas” y coincide con la académica de la PUCV en el sentido de que los padres deben transmitir “calma a los niños, reforzando que existen protocolos y adultos responsables que velan por su seguridad”. Algo similar es lo que plantea Francisca Sáez, directora ejecutiva de Eventuras, fundación que implementa programas de educación socioemocional en aulas para mejorar la convivencia y el aprendizaje. “Los niños -sostiene Sáez- necesitan sentir que los adultos tienen el control y que ellos están a salvo”. ¿En qué momento hablar y cuánto detalle entregar? A juicio de Sandra Catalán, el tema debe ser abordado cuando “el niño consulta o pregunta”, ya que aquello es una “señal de que necesita entender algo que está sucediendo”. La académica agrega que también se debe conversar sobre las amenazas en colegios, cuando hay cambios en la rutina de los más pequeños, como suspensión de clases o jornadas que terminan más temprano. “Si nadie les está explicando lo que está sucediendo, pueden imaginar cualquier cosa. Y si han escuchado o han leído o han visto u otras personas le han comentado, eso claramente les genera mayor ansiedad”, afirma la académica de la PUCV. Mónica Espinoza, psicóloga infanto-juvenil de Clínica Universidad de Los Andes, añade que es importante acoger las inquietudes que los niños puedan tener sobre el tema. “Preguntar qué es lo que han escuchado y qué es lo que ellos creen. Recoger la información que ellos puedan tener y luego dar información certera”, indica.
Para Francisca Sáez no solo es importante el cuándo, sino también el cómo se explica la situación. “Lo más recomendable es usar un lenguaje simple, honesto y contenedor. Algo como: ‘Pasó algo que nos hizo querer cuidarte extra hoy. Los adultos están trabajando para que todo esté bien, y tú estás seguro’. No mentir, pero tampoco sobreexplicar”, plantea. En este sentido, la directora ejecutiva de Eventuras asegura que “menos es más”. De esta manera, entre los 4 y los 8 años sostiene que basta con explicar lo esencial, ya que “a esa edad, el sistema nervioso simplemente no puede sostener esa información sin transformarla en miedo”. Sáez agrega que “entre los 9 y los 12 años se puede ofrecer un poco más de contexto, pero siempre evitando detalles que activen la imaginación catastrófica”. Y en el caso de los adolescentes, importa mucho la honestidad, pero también ponerlos al tanto de las medidas concretas que se tomaron para devolverles “la sensación de que el mundo tiene cierto orden”. Eso sí, es importante considerar que los escolares más grandes tienen acceso a las redes sociales y, por esto -según la psicóloga Mónica Espinoza- la situación ofrece “una oportunidad de generar conversación y fortalecer la educación en términos digitales”. Algo en lo que coincide Sandra Catalán. “Como ellos están tan bombardeados de información, es importante que también aprendan y se les indique que logren identificar entre las fake news y la información verdadera”, apunta la académica de la PUCV. “Las redes sociales en situaciones de crisis funcionan como amplificadores de ansiedad, no como fuentes de información”, complementa Francisca Sáez. En este sentido, la directora ejecutiva de Eventuras propone acordar “pausas activas”. “‘Por los próximos días vamos a revisar juntos lo que circula, y si ves algo que te preocupa, me cuentas’. Eso mantiene el canal abierto y convierte al adulto en aliado, no en censor”, asegura. Señales de alarma Ahora bien, es posible que tras conversar el tema de las amenazas en los colegios, algunos niños puedan necesitar más apoyo. ¿Cómo reconocerlo? “Cuando comienzan a tener algunas somatizaciones”, responde Sandra Catalán. “Por ejemplo, les cuesta dormir o tienen muchas pesadillas o se despiertan a medianoche. Cuando ya no quieren ir al colegio, inventan excusas (…) Cuando están irritables (…) Cuando hay pérdida de control de esfínter”, agrega la académica.
“Estas señales cuando no solo se mantienen en el tiempo, sino que también interfieren en la vida diaria, es importante indagar qué pasa más allá. Pero siempre lo importante es que podamos transmitir tranquilidad”, enfatiza. En el caso de los adolescentes, los indicios son distintos, sostiene Francisca Sáez. “Búsqueda compulsiva de información sobre el tema, comentarios fatalistas o una sensación generalizada de que las cosas no tienen sentido”, puntualiza la directora ejecutiva de Eventuras. “Si cualquiera de estas señales persiste más de dos semanas o es muy intensa desde el inicio, lo más recomendable es consultar con un profesional de salud mental”, concluye Sáez.
Fuente: Emol.com
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