Viernes 30 de Octubre 2026.
Las diferencias sobre el futuro del negocio, la distribución de utilidades y la toma de decisiones pueden desgastar la relación entre los socios y afectar la operación de una pyme.
Administrar una empresa entre distintos socios, independiente del tamaño que esta tenga, puede generar diferencias entre quienes comparte la propiedad. De hecho, cuando los desacuerdos se vuelven recurrentes y dificultan la toma de decisiones, pueden terminar afectando tanto la gestión como los resultados de una pyme. Las distintas expectativas de crecimiento, las prioridades de inversión y la manera de administrar los recursos son solo algunos de los puntos que pueden generar tensiones entre los socios. A esto se suman las diferencias sobre cuánto reinvertir, qué proporción de las ganancias distribuir o qué responsabilidades debe asumir cada integrante. En ese sentido, Claudio Bustos, abogado socio de Bustos Tax & Legal, estudio especializado en materias tributarias, explica que los desacuerdos más frecuentes se originan “por visiones de futuro del negocio y de crecimiento de la empresa”. Según sostiene Bustos, “no todos los socios tienen las mismas ambiciones ni las mismas capacidades, y muchas veces esos factores terminan produciendo roces en la adopción de decisiones, porque no existe una visión uniforme respecto al rumbo que debiera seguir la empresa o a cómo debieran manejarse ciertas situaciones”. Desacuerdos puntuales pueden existir en cualquier empresa, agrega el especialista, y se pueden manejar y resolver sin problemas en muchas ocasiones. Sin embargo, cuando las diferencias se repiten y se acentúan, “terminan desgastando la relación entre los socios, lo cual va en contra de la “affectio societatis” (vínculo que une a los socios) que debe existir en cualquier sociedad”. “Esto es particularmente relevante en las sociedades familiares, en las cuales, además de la relación normal existente entre socios, existe un vínculo familiar, que hace que los problemas se entremezclen y trasciendan de una esfera a la otra”, complementa. Acuerdos para prevenir los conflictos Considerando el complejo escenario que puede surgir en una pyme, el hecho de establecer reglas claras sobre el funcionamiento de la sociedad puede ayudar a prevenir estos conflictos. Esto implica definir desde el inicio cómo se tomarán las decisiones relevantes, cuáles serán los criterios para distribuir las utilidades y qué procedimientos se aplicarán si alguno de los socios quiere vender su participación. En este ámbito, Bustos plantea que la estructura jurídica de la empresa y los acuerdos entre sus propietarios pueden facilitar la resolución de controversias. Entre las alternativas menciona las sociedades por acciones (SpA) y las sociedades anónimas, que permiten establecer pactos para regular las relaciones entre los accionistas. “Lo ideal es que la sociedad se configure como una sociedad por acciones o sociedad anónima, ya que son los tipos sociales que permiten la mayor transparencia y flexibilidad en la solución de conflictos entre los socios. En ambos tipos de sociedades, pueden celebrarse Pactos de Accionistas, los cuales permiten prever diversidad de posibles conflictos entre los accionistas (por distribución de utilidades, modificaciones sociales, entrada o salida de socios, política de inversiones, temas hereditarios, etc.) y la forma de solucionarlos, ya sea por la vía de una conciliación, o a través de un procedimiento de solución especialmente previsto en el Pacto”, señala. Por ejemplo, prosigue, “la política de distribución de utilidades puede quedar establecida expresamente en el Pacto de Accionistas, con las reglas específicas que regulan la materia, y los porcentajes respectivos, así como las condiciones o circunstancias a las que puede sujetarse una determinada política de distribución. La idea es que, a través de la celebración de estos Pactos, pueda evitarse el juicio arbitral, que sería la última ratio o recurso de solución ante un conflicto entre accionistas que no ha podido resolverse favorablemente de otra forma2. La prevención también supone revisar periódicamente si las reglas acordadas siguen siendo adecuadas para la realidad de la empresa. A medida que una pyme crece, incorpora trabajadores o enfrenta nuevas necesidades de financiamiento, pueden surgir diferencias que no estaban previstas al momento de su constitución. Qué hacer cuando uno de los socios quiere retirarse Pese a esto, la prevención no siempre evita los desacuerdos. En algunos casos, las diferencias sobre el rumbo de la empresa llegan a un punto en que uno de los socios decide dejar la sociedad. En ese escenario, uno de los principales desafíos es determinar cuánto vale su participación y bajo qué condiciones puede concretarse la operación. La valorización del negocio, los plazos para concretar la venta y las consecuencias tributarias para quien vende son aspectos que pueden incidir en la negociación. Si estos puntos no están regulados previamente, la salida de un socio puede convertirse en una nueva fuente de conflicto. Bustos sostiene que establecer un procedimiento anticipado para estos casos permite definir las condiciones de una eventual venta y dar mayor certeza a los involucrados. “Cuando un socio o accionista se quiere retirar de la sociedad, surge naturalmente la cuestión relativa a la valorización de su participación en la empresa, lo cual exige valorizar el negocio y definir un método para ello. También pueden surgir variables tributarias que afectan al socio o accionista vendedor y que pueden incidir en la solución que finalmente se adopte”, comenta. De ahí que es importante que “en el Pacto de Accionistas se defina un mecanismo de oferta preferente ante la eventualidad que cualquiera de los accionistas desee vender sus acciones. Ello implica que el accionista estará obligado, bajo un cierto procedimiento, a ofrecer sus acciones en venta a los otros accionistas, bajo condiciones de precio, plazo y valorización que pueden quedar previamente establecidas en el mismo Pacto de Accionistas. De esta forma, se evita el conflicto futuro al momento en que se suscita la intención de vender por parte de alguno de los accionistas”, complementa. Así, la salida de uno de los integrantes no implica el cierre de la empresa. La existencia de reglas claras sobre la venta de participaciones, la valorización y los mecanismos de resolución de controversias puede facilitar una transición ordenada y permitir que el negocio continúe operando.
Fuente: Emol.com

