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A cuatro años del 4-S: Lo que defendían y advertían expertos y columnistas sobre la fallida propuesta constitucional.

Miércoles 02 de Septiembre 2026.

El Rechazo se impuso con el 61,86% de los votos.

La Constitución de la República se ha vuelto a instalar en el centro del debate público a raíz de la reforma constitucional en seguridad que impulsa el Gobierno del Presidente José Antonio Kast, y que si bien ya fue ingresada al Senado, se le quitó la suma urgencia. Como parte de la Agenda Contra el Crimen Organizado y Terrorismo (ACOT), el Ejecutivo busca hacer un cambio en la Constitución, que consagre el deber del Estado para resguardar la seguridad pública, y entre otras disposiciones, se busca que el Presidente pueda decretar estado de excepción constitucional por 120 días, prorrogables por otros 120 días, sin pedir autorización del Congreso.

Además de cuestionamientos desde la oposición y del propio oficialismo, la iniciativa de reforma ha sido objeto de debate en columnas de opinión y cartas de expertos. De ahí, ha surgido con fuerza el término “iliberal” para definir tanto la propuesta como incluso el gobierno del Presidente Kast. El Mandatario se ha defendido, y acusando recibo de las críticas, en más de una oportunidad -en estas últimas semanas-, ha salido a descartar que su gobierno sea iliberal. Los argumentos que se han esgrimido para plantear que se trataría de una reforma iliberal es que se socavan ideales liberales, entre los que se cuentan los derechos individuales, o que se busca “saltar” la posibilidad de que se presente un requerimiento ante el TC, justamente cambiando la Constitución. Y en medio de aquel debate, hay quienes han traído de regreso, como contraste y contraputo, el proceso constituyente de 2022, liderado por la izquierda, y que obtuvo un rotundo rechazo en las urnas en 4 de septiembre de ese año. Recientemente, en una columna en La Tercera, Juan Luis Ossa, director del Centro de Estudios Públicos (CEP), valora que el Gobieron haya retirado la suma urgencia del proyecto de reforma constitucional, porque supone reconocer “que enfrentar con decisión la crisis de seguridad no exige convertir cada respuesta en una reforma constitucional”. “Un texto que se modifica cada vez que cambia el diagnóstico de turno deja de ser un marco compartido y pasa a ser un botín de la competencia electoral. Y lo cierto es que el precedente nunca queda encapsulado: la reforma que hoy puede ampliar las atribuciones del Presidente permite y legitima que el siguiente lo haga con otros fines. La prudencia constitucional no es, pues, una forma de inmovilismo. Es, más bien, la condición para que las reglas conserven algún valor cuando de verdad haya que invocarlas”, enfatiza. Proceso constituyente de 2022 “No hay nada más iliberal que el delirio constitucional que impulsaron”, salieron a responder la semana pasada los diputados UDI Eduardo Cretton y Guillermo Ramírez, quien además es presidente de esa tienda, a las críticas y reparos de la izquierda por la propuesta del Ejecutivo. Los parlamentarioa esgrimieron que “el FA y el PC quisieron refundar Carabineros en uno de los momentos más difíciles para nuestro país; hablaron durante años de los ‘presos de la revuelta’ para referirse a los delincuentes condenados por graves delitos cometidos durante el estallido social, llegando incluso a cuestionar las decisiones de nuestros tribunales; y también respaldaron un proyecto constitucional que debilitaba gravemente nuestra institucionalidad, por lo que si pretenden hablar de ‘iliberalismo’, primero deberían acordarse de sus propias actuaciones antes de cuestionar a quienes solo buscamos que el Estado pueda contar con mejores herramientas para enfrentar la actual crisis de seguridad y combatir el crimen organizado”, remarcaron Ramírez y Cretton.

En conversación con Emol, el doctor en Filosofía y analista político, Max Colodro, planteó que la izquierda y la centroizquierda “tienen poca autoridad moral para cuestionarla luego de haber redactado y votado Apruebo una propuesta de nueva Constitución mucho más iliberal y autoritaria que esta reforma”. Por su parte, Claudio Alvarado, director ejecutivo del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), comentó a este medio que el proyecto de la Convención “ponía en severo riesgo la separación de poderes”. “Ahí se creaba un Estado plurinacional propio de las peores experiencias latinoamericanas; se eliminaba el Senado, siendo reemplazado por una Cámara de las regiones de atribuciones muy menguadas; se creaba un Consejo de la Justicia compuesto por una minoría de jueces, cuya eventual politización era pública y notoria; se subordinaba la justicia electoral a ese mismo Consejo de la Justicia, y así. De ahí que el expresidente Frei advirtiera que Chile corría el peligro de caer en un régimen dictatorial de los que en el mundo están siendo frecuentes. En la Convención forma y fondo iban de la mano: sus contenidos, de algún modo, fueron la proyección constitucional del octubrismo”, sostuvo. Qué decían los columnistas Fueron varias voces las que por el 2021 y 2022 se refirieron al proceso constitucional, con distintos matices. Hay quienes tempranamente salieron a advertir que el proceso mostraba rasgos de “fundacional” y aportaba inestabilidad e incertidumbre; otros, en tanto, cuestionaron el desempeño de los convencionales, y hubo voces que recién tras el rotundo rechazo ciudadano hicieron algunos “mea culpa” respecto a lo que se les cuestionaba en paneles de opinión y columnas. En noviembre de 2021, el exmilitante comunista Sergio Muñoz Riveros, quien se convirtió en un crítico del estallido social, planteó en una columna en La Tercera que “el ruido refundacional que viene desde la Convención ha creado la impresión de que el país está en una especie de limbo jurídico, a la espera de lo que decida Loncon, Bassa, Atria y los demás (…) la Convención se convirtió, qué duda cabe, en el mayor foco de inestabilidad e incertidumbre”.

En Febrero de 2022, el abogado constitucionalista Javier Couso, advertía que la Convención estaba fragmentada, lo que le hacía levantar las alertas de que podía fracasar. En mayo de ese año, el académico planteó: “este proceso constitucional ha sido el resultado de un acuerdo político, desde la UDI hasta Boric, no de una intervención militar. Y más allá de mi gusto personal, en lo que efectivamente está quedando no he visto nada con lo cual uno dijera que no se puede vivir”. Asimismo, planteó que “a mí me da risa cuando se habla de unicameralismo encubierto, porque, para Freedon House, ¿cuáles son las dos democracias más libres de América Latina? Uruguay y Costa Rica. Y Costa Rica es abiertamente unicameral, no ‘encubierta'”, y defendió que “de convenciones fragmentadas no ha salido nunca una Constitución autoritaria”. En febrero de 2022, el rector de la UDP, Carlos Peña, escribió la columna titulada “El peligro de lo amarillo”, valoraba que un grupo de personas levantaran llamados que los convencionales eludieran los extremos, pero alertaba que para que aquello funcionara, la iniciativa debía ir más allá. “La tarea entonces no ha de consistir solo en instar al diálogo y la moderación (aunque, sobra decirlo, no está de más hacerlo), sino que es necesario mostrar por qué algunas de las cosas que la mayor parte de los convencionales parecen dispuestos a aprobar son erróneas y por qué la concepción global que las inspira estaría equivocada. Mientras una tarea como esa no se lleve adelante (y no queda mucho tiempo para hacerlo), los llamados a la moderación y al reformismo tendrán un valor, sin duda; pero lo más probable es que carezcan de efectos, porque llamar a la moderación o alertar acerca de los peligros de esto o aquello no es una forma de participar del debate, sino que solo una manera de apelar a la manera de realizarlo”, planteó Peña. En abril de 2022, el sociólogo Ernesto Ottone, profundizó -en una entrevista para Crónica Constitucional de El Mercurio- en su tesis de que algunos promovían un cambio de élites con la tentanción por parte de esa nueva élite de hacer permanente su posición en el poder. “En el debate constitucional yo veo que esos demonios están, esas pulsiones están”, sostuvo. En mayo de ese año, el economista Oscar Landerretche (PS), hizo una autocrítica en torno a cómo se estaba desarrollando el proceso constituyente liderado por su sector. “Siento que los convencionales de mi sector, la centroizquierda, han pasado demasiado tiempo complaciendo a los sectores más extremos de la Convención y demasiado poco pensando en cómo construir una Constitución que dure 50 años y que permita a Chile dar un salto en desarrollo económico, cultural, social y democrático”, planteó. Ese mismo mes, el abogado y columnista Jorge Navarrete, dijo en entrevista con Ex-Ante que estaba convencido de que el texto se podía mejorar, pero al ser consultado sobre si votaría Apruebo, expresó: “Gabriela Mistral decía que de toda obra saldrás con dolor porque fue inferior a tu sueño. Somos muchos, quizás demasiados, quienes teníamos grandes expectativas sobre el proceso y su resultado. Con todo, y con la convicción de que se debe continuar con el camino del perfeccionamiento, maduración y legitimidad constitucional, es que votaré Apruebo”. El 31 de mayo, el abogado Agustín Squella planteó en una columa en The Clinic, titulada “¿Indecisos o responsables?”, que “me alegra comprobar en las encuestas que circulan el alto número de indecisos acerca de qué hacer el 4 de septiembre. Indecisos que seguramente quieren saber más y que se resignan a esperar a tener la propuesta oficial ya acabada, sin dejarse llevar por una o más normas que sean o no de su gusto”. El 22 de agosto, el periodista Daniel Matamala escribió una columna en La Tercera, titulada “Un avance civilizatorio”, donde destaca lo ocurrido en el último capítulo del programa El debate de Chile, de Chilevisión, donde dos representantes del Rechazo coincidieron con los del Apruebo en materias de paridad e igualdad de género. Destaca en el texto que “el proyecto de nueva Constitución define a nuestra democracia, en el Artículo 1, como ‘inclusiva y paritaria’. Compromete al Estado con la ‘igualdad sustantiva’ entre géneros, y establece una composición paritaria (‘al menos 50% de mujeres’) para los órganos de poder del Estado, desde el Congreso hasta el directorio de las empresas públicas, además de reconocer los cuidados (tarea abrumadoramente femenina) y el derecho a la interrupción del embarazo”. “El camino seguirá siendo pedregoso. Pero, en medio del clima crispado de estos días, hace bien que una mayoría política y social celebre la paridad como lo que es: un gran avance civilizatorio. Tal vez sea el mayor legado que nos dejen estos años convulsos”, cierra el periodista. El 24 de agosto de 2022, en una columna en El País, Heraldo Muñoz (PPD), exministro y perteneciente al sector que apoyaba el Apruebo, mostraba esperanza en que ganara el Apruebo o el Rechazo, el proceso constitucional continuaría. Sin hacer autocrítica, de todos modos, reconocía los resquemores que habían surgido en torno al texto. “El Apruebo no lleva una ventaja decisiva en las encuestas de opinión porque el proceso constitucional estuvo repleto de declaraciones y performances desafortunados de algunos convencionales, premunidos de un espíritu refundacional que generó reticencia en la población, y porque surgieron dudas, incluso en sectores de centroizquierda, sobre normas relativas a la plurinacionalidad, la unidad del Estado, el sistema político, los pesos y contrapesos en un sistema presidencial, la institucionalidad judicial, y otros aspectos”, planteó Muñoz. Pero de todos modos, agregaba: “Chile cambió y tendrá una nueva Constitución, idealmente perfeccionada y acorde con la nueva realidad de un país más democrático, diverso y complejo”.

Fuente: Emol.com

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